jueves, 23 de septiembre de 2010

sufrimiento de las personas y el narcisismo


Parece haber, hoy día, una epidemia de narcisismo. La competencia globalizada es feroz y nos llama al individualismo radical, a la vanidad y a la ambición desmedida. En lo masivo, se da una superficialidad en los vínculos donde no importa el mundo interno sino la apariencia externa. La competencia desleal se justifica a nivel macro. Y en lo micro, la manifestación es una mayor incidencia de trastorno narcisista en la práctica clínica.

El narcisismo es un trastorno de la personalidad radicalmente incapacitante para la vida amorosa, amistosa y social. La principal tragedia del narcisista es ser un sistema cerrado donde se encuentra protegido, resguardado, escondido para que nadie conozca su verdadero vacío interior, su falta de seguridad, encubierta con una apariencia déspota y devaluadora de los otros.

Hay una distinción entre narcisismo "normal" y maligno. El narcisismo "normal" está asociado al sano aprecio de uno mismo. El poder disfrutar y reconocer nuestras propias capacidades y logros proviene de un amor propio necesario para lograr lo que queremos.

El narcisismo maligno se reconoce fácilmente por las manifestaciones siguientes:

El narcisista tiene una preocupación excesiva por la aprobación de los otros y una hipersensibilidad a la crítica. A todos nos preocupa lo que digan de nosotros; lo que opine la gente de nuestro círculo familiar, social, académico, laboral. Sin embargo, la preocupación del narcisista es extrema; parece de pronto que todas sus acciones están encaminadas a ser mirado por los otros, reconocido, aplaudido y a partir de este reconocimiento, sentirse valioso y menos vacío.

La diferencia entre un narcisista y un no narcisista es que el segundo se aprueba a sí mismo aunque los otros no le aprueben. El narcisista maligno necesita de la aprobación de los otros como del aire para respirar. Depende completamente del afuera. Vive para el afuera. El adentro es un territorio árido, solitario, aburrido, vacío. El narcisista siente que en el fondo es un fraude, un engaño y que debe esconder y proteger su verdadera identidad de los demás. Se siente indigno de amor, inferior y de ahí surge la vergüenza y la envidia.

Podemos hablar de fragilidad psicológica. Cuando es criticado, el narcisista se defiende rabiosamente hasta aniquilar a quien se ha atrevido a cuestionarle. La furia narcisista, es la furia de las furias...

La envidia es otra emoción dominante en estos pacientes. Siempre pendientes de lo que los otros tienen, deseando despojarles de todo cuanto tienen de valioso. Por esta razón, es muy frecuente que elijan parejas que tengan alguna característica que los haga ver bien socialmente: belleza física, dinero, poder. Los narcisistas son explotadores en su forma de vincularse y despojan al otro, le vampirizan, se apropian de lo bueno que tiene. El otro, el que se vincula con el narcisista, puede ser en muchos casos un masoquista dispuesto a recibir críticas y descalificaciones con tal de ser amado. El narcisista idealiza a la pareja, la explota durante un tiempo y después le abandona por aburrimiento, por sentir que es muy poco para él/ella y por envidia que le hace devaluarle tanto como le había idealizado.

También es frecuente encontrar diadas narcisista-narcisista en donde ambos padecen del mismo trastorno y se coluden haciendo esfuerzos concientes para mantener una imagen pública poco realista de su relación como un vínculo de total gratificación mutua y plenitud incomparable. Podemos pensar en muchas parejas, sobre todos famosas, cuyas uniones más que basadas en el amor, parecen parte de una estrategia de marketing para vender películas, estilos de vida aspiracionales, felicidad al alcance de tu firma...

Alguien con narcisismo no patológico es capaz de enamorarse y de mantener una relación amorosa por periodos largos de tiempo. Los casos más graves de narcisismo no tienen la capacidad de enamorarse. Hay incluso narcisistas patológicos que sí se enamoran aunque sea por periodos breves y que tienen mejor pronóstico que los que son incapaces de sentir amor.

Todas las relaciones amorosas tienen una "resonancia edípica", es decir, que nos remiten a los primeros objetos de amor de la vida: nuestra madre y padre o cuidadores sustitutos.

Los narcisistas establecen relaciones dominadas por la agresión debido a profundas frustraciones y resentimientos del pasado. Tiene miedo del objeto amado debido a esta agresión que pone en el otro aunque es suya.

Se da una marcada indiferencia por la vida del otro. La convivencia está basada en monólogos interminables donde el centro de la conversación es ella misma. Es este "yo-mi-me-conmigo" que termina alejándonos de un novio, amiga potencial, hermano, compañero de trabajo que solo sabe hablar de si mismo y que parece nunca llegar al momento de la conversación donde se pregunta: ¿y tu cómo estás?

Los narcisistas son avaros y voraces, creyéndose merecedores de todo lo que la vida les negó o les dio en exceso en etapas tempranas del desarrollo de su personalidad. Digo exceso, pensando en los niños súper dotados, llenos de belleza, talento, inteligencia, que son frecuentemente objetos narcisistas ideales de los padres y cuyo destino queda marcado por una identidad cuyo núcleo es complacer, ser y verse perfecta, no defraudar, ser siempre competitivo y al final, lo mejor de lo mejor. Tremenda cárcel la búsqueda de la perfección, cuando somos todos simplemente humanos falibles. Hay familias que especialmente tienden a la constante evaluación , calificación, crítica, devaluación, comparación de sus hijos, generándose un ambiente propicio para el nacimiento de un narcisista. También madres y padres narcisistas pueden generar un hijo narcisista por identificación directa o un hijo masoquista-fronterizo (en el artículo de Apegos, amores y miedos se explica la patología fronteriza) capaz de vincularse dolorosamente con un narcisista que nunca le amará y que solo le necesita para devaluarle sistemáticamente y sentirse así aliviado y superior.

Los narcisistas utilizan la idealización, la devaluación y la proyección, como mecanismos fundamentales de afrontamiento relacional. Explico: primero buscan lo mejor de lo mejor; el mejor coche, el mejor cardiólogo, la mejor casa, la mejor novia, el mejor vestido, el mejor trabajo. Después, compulsivamente, devalúan todo cuanto tienen sintiendo que nunca nada es suficiente y padeciendo un hambre eterna que no se sacia con nada. Y finalmente, la proyección, es decir, depositar todo lo desagradable, los defectos y los errores en los otros; pareja, hijos, jefes.

El narcisista es un personaje que no nos simpatiza y por eso muchas veces termina quedándose profundamente solo. Es una persona con una enorme dosis de sufrimiento interno que necesita ayuda, apoyo terapéutico, de pronóstico reservado en muchos casos, pero que lo pasa muy mal bajo esa apariencia odiosa y prepotente. Como todo en temas de bienestar mental, es cuestión de grado para hablar de salud o enfermedad.

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Vale Villa es terapeuta individual, familiar y de pareja. Estudió en la Universidad Panamericana, en la Universidad de California en Los Angeles y en el Instituto de la familia. Ejerce su práctica clínica en el Hospital Médica Sur. Lo suyo es hacer terapia. No da consejos por mail o por teléfono. Recibe feliz comentarios y sugerencias. Para opinar, necesita mucha más información que un mail. Su mail es tlamatimi@hotmail.com, twitter valevillag y el teléfono del consultorio: 55-56-06-72-45. Empezó recién a colaborar con Salvador Camarena en W Radio (96.9 fm) los miércoles entre 9:30 y 10 de la noche con la sección de Bienestar Mental en esta bella ciudad de Mexico.

Agradesemos a la colega Vale Villa este enorme aporte a la educacion de los seres humanos que dia con dia padecemos situaciones tipicas ya de la sociedad actual llena de problemas de todo tipo entre los cuales salta a la vista este el tema de hoy.

1 comentario:

  1. Conocí a un ser así (pobre tipo) y es por ello que escribí este blog: https://viajesunshine.blogspot.mx
    Gracias por la información, es muy útil. Saludos!

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